Estudio

El Fuerte vínculo existente entre el hombre y la naturaleza es una realidad pasada, presente y futura y constituye el fundamento de nuestra profesión.

Técnicamente el paisaje resulta de la conjugación espacial de parámetros ecológicos y culturales, y afecta directamente a nuestra existencia como entidad individual y colectiva. Sea humanizada o natural, con interpretaciones culturales, o analizada según sus parámetros ecológicos, la manipulación y construcción del paisaje busca el poder de conexión de nuestras vidas cotidianas.

En respuesta a la sobreexplotación agrícola e industrial y a la densificación descontrolada de los entornos naturales o urbanos, la función del paisajista ha cambiado en el último cuarto de siglo, asumiendo un compromiso ecológico tanto en la planificación como en el diseño, planteando la necesidad de preservación y restauración de los recursos y sistemas naturales y la obtención de paisajes sostenibles.

Teniendo como principio en el ámbito de nuestra práctica que cada vez más actuaremos sobre ambientes y entornos anteriormente manipulados, y que a su vez estaremos creando paisajes artificiales, nuestra filosofía de trabajo se basa en el propósito de establecer conexiones reales entre las componentes estructurales de los sistemas naturales y los parámetros culturales, sociales y estéticos de la vivencia humana.

El respeto por los valores naturales, culturales y artísticos es fundamental en la planificación y concepción de nuestros proyectos. Él se apoya en tres conceptos: la percepción del contexto, el análisis del entorno y la sostenibilidad del conjunto. Tenemos como objetivo la creación de espacios contemporáneos y duraderos.

Conscientes de que la calidad del diseño afecta en gran parte la calidad de nuestra existencia, los parámetros estéticos son una componente importante de la educación ambiental. Por otro lado la planificación como instrumento de valorización del entorno natural y urbano, protección y gestión de recursos naturales, históricos y culturales es fundamental en la consolidación de la ética ambiental.

El papel moldeador y regulador del sistema natural en el ámbito urbano, a través del control de los índices de contaminación y regulación bioclimática, repercute positivamente en la calidad de vida restableciendo el equilibrio emocional y el descanso.